Llevo unos doscientos folios corregidos de mi novela histórica que recibirá el título de Los secretos pergaminos del emperador Augusto. Es un título provisional. El editor lo puede cambiar si es excesivamente largo. Duele suprimir las escenas mágicas del anterior manuscrito, pero debo evitar brujería y elementos fantásticos para que la novela sea más aceptable en la editorial. Cuesta desprenderse de este estilo que me ha caracterizado.
Estos días de verano os podéis imaginar que no hay actividades literarias y yo tampoco no he escrito nada. Ahora espero que siga el proceso de mi volumen Todhäuser, historia de un disidente nazi. En realidad me gustan más los otros relatos pero con frecuencia debo publicar un tema que desea la gente y para el autor es molesto o no le gusta. En estos momentos me preocupa que me pongan en la wikipeda mi biografía literaria, pero esta actividad lleva tiempo.
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