Reconozco que en los cuarenta años que quedaban para que la obra madurase se notan cambios en la escritura y en mi manera de pensar. En la segunda parte, a partir del encuentro con la momia en la biblioteca, aunque el héroe salga victorioso, se nota un sabor de boca en el que el éxito no es completo. Cuando tenía veinte años veía que los problemas eran fáciles de solucionar. El tiempo cambia a las personas tanto física como mentalmente.
Ficción y aventuras. El blog de Francisco Javier Parera