Reconozco que escribir no es un pasatiempo, un trabajo o una actividad cualquiera. Se trata de un vicio. Me quería tomar unos días de descanso pero no puedo. Siempre me hierve la sangre de mis venas y a mi cerebro vienen nuevas ideas. Ahora estoy leyendo -no corrigiendo o reescribiendo- un relato sobre un guerrero nórdico que se alista al ejército de Gengis Khan. Se puede leer en Una prima de París y otras narraciones. Pero esta vez quiero convertir el cuento de ocho folios en una novela de ciento y veinte folios. No sé si lo conseguiré. De momento leo y releo ciertos fragmentos y líneas. Continúo con mis actividades sin saber nada de editoriales sobre novelas o cuentos enviados. Es tener mucha moral.
Si valorásemos escritores por una vida o aficiones pornográficas... No sé que decir. Lo digo por el apartado anterior. Si la escritora mencionada escribe exhibiéndose como un objeto comercial, por no decir otra cosa... no encuentro la tarea de escribir como un trabajo serio. Deberíamos ser más conscientes quienes nos dedicamos a este difícil quehacer.