Estos días me estoy leyendo relatos del escritor norteamericano Robert E. Howard, mi favorito. En concreto estoy volviendo a leer los cuentos del ciclo de Conan. Después de su Muerte en 1936 por triste suicidio, se reeditaron en los años 50 en libros. Después vinieron las adaptaciones al comic, años 70, y en los años 80 al cine. Se aprende mucho con estas narraciones. La manera de expresar la aventura y vivirla da muestras que entre la realidad y la ficción solamente hay un paso. Las leí cuando tenía veinte años en la cronología de la vida del protagonista. Ahora las leo en otro edición más seleccionada y cuidadosa que sigue el orden cronológico del autor cuando las escribió. Las recomineso. No os aburriréis. De hecho yo continúo aprendiendo de él.
Estos días de verano os podéis imaginar que no hay actividades literarias y yo tampoco no he escrito nada. Ahora espero que siga el proceso de mi volumen Todhäuser, historia de un disidente nazi. En realidad me gustan más los otros relatos pero con frecuencia debo publicar un tema que desea la gente y para el autor es molesto o no le gusta. En estos momentos me preocupa que me pongan en la wikipeda mi biografía literaria, pero esta actividad lleva tiempo.
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