Seguimos con la guerra. En este caso con El estandarte del caballo alado. El héroe va venciendo dificultades con la ayuda de amigos. No quiero dar demasiados detalles porque irá a una editorial de no coedición. Pero se alarga el proceso de escritura y en algunos momento cansa. Tengo en mi cabeza el resto de narración y en algunos momentos lo debo dejar. Tanta horas ante el teclado me produce pesadez. No tengo veinticinco años cuando escribía tres aventuras en un mes del ciclo de Alejandro de Tàrraco.
Estos días de verano os podéis imaginar que no hay actividades literarias y yo tampoco no he escrito nada. Ahora espero que siga el proceso de mi volumen Todhäuser, historia de un disidente nazi. En realidad me gustan más los otros relatos pero con frecuencia debo publicar un tema que desea la gente y para el autor es molesto o no le gusta. En estos momentos me preocupa que me pongan en la wikipeda mi biografía literaria, pero esta actividad lleva tiempo.
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