¡Bah! El fin de semana se alarga. No veo buenas noticias y mañana, lunes, día laborable, menos. He entregado anteriormente mis relatos a tiempo pero no he visto resultados positivos. Solamente silencio y negativas. En este plan, no me espera nada bueno para el día del libro. Los otros proyectos se retrasan. Hoy en el momento de comer, mi esposa me ha preguntado por esa cara de tristeza que arrastro. Se lo he dicho. Nunca escondo nada mi mujer. Los editores que retrasan su labor. Le he puesto un ejemplo. Imagina una cansado campesino que ha estado su meses cultivando aceitunas y, cuando llega la cosecha, las recoger. Sin embargo lleva los sacos al molino para que lo conviertan en aceite y no hay nadie en el edifico. Está cerrado. Ningún cartel y nadie para sustituir al amo. ¿Qué piensas? Ante esta situación me dan ganas de dejar de escribir y dedicarme a la vida contemplativa de la sabia Naturaleza, la misma que me hado la enfermedad ósea y me ha dejado en silla de ruedas.
Estos días de verano os podéis imaginar que no hay actividades literarias y yo tampoco no he escrito nada. Ahora espero que siga el proceso de mi volumen Todhäuser, historia de un disidente nazi. En realidad me gustan más los otros relatos pero con frecuencia debo publicar un tema que desea la gente y para el autor es molesto o no le gusta. En estos momentos me preocupa que me pongan en la wikipeda mi biografía literaria, pero esta actividad lleva tiempo.
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