Ha pasado la Diada de Sant Jordi. No me siento muy contento. Sé que mi volumen de espías Una balalaika para Vladimir estaba expuesto, pero es demasiado pronto para saber cómo han ido las ventas. Solamente eran un sueños, con el que completaba la trilogía de Sarjania, El acero de Sarjania, no han hecho publicidad. Después de treinta y cinco años de trabajo parece que no ha conmovido los corazones de ciertos círculos literarios. He leído por la prensa que se han vendido volúmenes de autores que desconozco. No sé si es a nivel nacional o local. Pero mi obra de espías ni mi nombre figura entre los más vendidos. Me pregunto sobre qué debo escribir. El tema del espionaje se lleva ahora con los conflictos bélicos y escuchas a los teléfonos móviles de políticos. Me dedicaré a la novela romántica. Quizás ahí tenga más futuro... Es broma.
Estos días de verano os podéis imaginar que no hay actividades literarias y yo tampoco no he escrito nada. Ahora espero que siga el proceso de mi volumen Todhäuser, historia de un disidente nazi. En realidad me gustan más los otros relatos pero con frecuencia debo publicar un tema que desea la gente y para el autor es molesto o no le gusta. En estos momentos me preocupa que me pongan en la wikipeda mi biografía literaria, pero esta actividad lleva tiempo.
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