Tengo nuevas ideas sobre el ciclo del detective Edwards. He escrito anotaciones para que me ayuden en los futuros relatos. Antes, cuando tenía veinte años, no necesitaba recordar nada con notas como una agenda. Mi cabeza era una agenda y un procesador de datos para escribir e improvisar cuentos. Ahora a las puertas de los 60 años, debo anotar las ideas para que luego no se me olviden. Es la triste la idea de ver cómo la mente no funciona con la misma agilidad de la juventud. Me queda el consuelo de ver a mis rivales que no han escrito nada más. Viven de sus volúmenes publicados anteriormente y de leer mecanoscritos de autores ilusionados para despreciarlos después. Si no me creen, pregunten en Cossetània ediciones, pero lo negarán.
Estos días de verano os podéis imaginar que no hay actividades literarias y yo tampoco no he escrito nada. Ahora espero que siga el proceso de mi volumen Todhäuser, historia de un disidente nazi. En realidad me gustan más los otros relatos pero con frecuencia debo publicar un tema que desea la gente y para el autor es molesto o no le gusta. En estos momentos me preocupa que me pongan en la wikipeda mi biografía literaria, pero esta actividad lleva tiempo.
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