Perdón. La cuenta no ha salido bien. Debemos sumar a los cuatrocientos relatos los cincuenta y tres cuentos de espías de Una balalaika para Vladimir. No nos debemos olvidar de la poesía que he intercalado entre narración y narración en volúmenes anteriores. Empecé a escribir mis propios cuentos a los nueve años y a los quince perfilé mi estilo. Desde ese momento no he parado. Luego a los veinte años veía mis primera poesías publicadas.
Estos días de verano os podéis imaginar que no hay actividades literarias y yo tampoco no he escrito nada. Ahora espero que siga el proceso de mi volumen Todhäuser, historia de un disidente nazi. En realidad me gustan más los otros relatos pero con frecuencia debo publicar un tema que desea la gente y para el autor es molesto o no le gusta. En estos momentos me preocupa que me pongan en la wikipeda mi biografía literaria, pero esta actividad lleva tiempo.
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