Le he dado un fuerte impulso a la saga de Hagen, el germánico. Estoy atravesando el ecuador de sus aventuras. Ahora queda la otra mitad y la miscelánea prometida. El verdadero problema vendrá cuando deba revisar esas páginas, pues inevitablemente se cuelan errores ortográficos. No cometo errores de este tipo, pero está escrito en catalán y quizás se cuelen castellanismos. Debo ir con cautela como mi protagonista ante el peligro.
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