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Una etapa de mi vida que recuerdo con frecuencia se centra cuando tenía unos 23 años. En aquella época era como redactor jefe y en una pequeña revista comercial yo me encargaba de la parte de la narración , otro amigo del colegio del apartado el comic -tiras de comic de tres viñetas cada una con temas polémicos- y otro compañero del colegio se encargaba del artículo sobre música actual. La mujer del editor-director recogía el dinero de las diversas tiendas y negocios y nuestras colaboraciones se intercalaban entre los anuncios. Entonces se cumplió mi sueño y pude escribir mis primeros relatos épicos de aventuras, un guerrero que recorre reinos en una época ficticia -se supone antes de la Edad de Piedra. Luego hay terremotos, esas civilizaciones desparecen y empieza la época actual. El guerrero se llamaba Jatlan y abandonaba su reino Turdènia para recorrer aventuras. Salieron dos aventuras publicadas. Después en otras revistas aparecieron más relatos. Finalmente quedaron en seis aventuras. Los que queráis leerlos los veréis en el volumen Contes del rocambolesc. Fue una buena época. Luego el editor-director vendió a un periodista idiota la imprenta y nos quedamos en la calle. En aquella época no había ordenadores o era cosa de una élite seleccionada. Escribíamos a máquina, estructurábamos la revista y en columnas distribuíamos el espacio. Era costoso. Nos pagaban, pero yo era feliz porque veía mi sueño cumplido.

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