Reconozco que también disfruté cuando tenía veinticinco años. En aquel momento escribía las aventuras épicas de Alejandro de Tarraco para la revista, Estímul, diari de La Canonja. Dieciocho aventuras. Había un seguimiento e interés del público, del lector. En aquella época había en mí ilusiones y sueños. Espero que también lo haya con los casos de detective Edwards en la revista Les gralles de Valls y al año que viene, si no pasa nada, para recopilarlas en un volumen.
Estos días de verano os podéis imaginar que no hay actividades literarias y yo tampoco no he escrito nada. Ahora espero que siga el proceso de mi volumen Todhäuser, historia de un disidente nazi. En realidad me gustan más los otros relatos pero con frecuencia debo publicar un tema que desea la gente y para el autor es molesto o no le gusta. En estos momentos me preocupa que me pongan en la wikipeda mi biografía literaria, pero esta actividad lleva tiempo.
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